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PLACERES PROHIBIDOS, DE LAURELL K. HAMILTON, por Gonzalo Carranza
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| Publicado el Miércoles, 20 junio a las 09:50:08
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Con catorce novelas hasta la fecha, la serie ‘Anita Blake’ de Laurell K. Hamilton se ha convertido en una de las más populares del fantástico contemporáneo. Placeres prohibidos inauguró el ciclo hace casi quince años. Aquí se puede leer una reseña.
PLACERES PROHIBIDOS, Laurell K. Hamilton
Gonzalo Carranza
El caso Addison contra
Clark ha provocado una verdadera revolución en la Norteamérica contemporánea.
Una corte de los Estados Unidos ha reconocido los derechos de los no muertos, y
ahora los humanos y sus antiguos predadores deberán aprender a convivir. Placeres Prohibidos —la primera entrega
de la serie Anita Blake, cazavampiros que ha publicado en nuestro idioma la
editorial Gigamesh— se ubica en este
extraño universo ficcional. No sólo los vampiros son tolerados, la novela
también nos presenta zombis, licántropos y toda una gama de monstruos capaces
de cambiar sus formas exteriores. Semejante proliferación de criaturas
nocturnas no puede sino empujar el texto a la parodia, pero si bien es cierto
que la narración nunca abandona cierto matiz irónico, la novela apunta en otra
dirección. Placeres prohibidos
combina los estereotipos del horror con la estructura de una novela policial de
la serie negra. Claro que aquí en lugar de mafiosos encontramos tribus de
vampiros con fuertes vínculos jerárquicos, y en vez de asesinos seriales,
demonios necrófagos. La policía, por su parte, está representada por la Brigada Regional de Investigaciones
Preternaturales, y cada vez que encuentran un cadáver desangrado en un
cementerio rodean el lugar con una cinta amarilla y tratan de averiguar qué
tipo de criatura despachó al malogrado sujeto. A nadie le sorprenderá, sin
embargo, que esta división fracase sistemáticamente en sus investigaciones. Así
que cuando las papas queman tiene que hacer su aparición Anita Blake, una
jovencita conocida en los ambientes vampíricos como la ejecutora, a pesar de que duerme con pingüinos de peluche. El
personaje cumple la función de detective, pero sus comentarios nos recuerdan el
humor de las sitcom.
Anita Blake en esta primera aventura deberá trabajar
para una tribu de vampiros que la contratan bajo coacción. El cóctel funciona,
tal vez porque la trama policial se sostiene y los excesos y los lugares
comunes pueden ser interpretado como ironías. El titulo en inglés —Guilty Pleasures— nos da una pista para
interpretar la novela. No se trata en realidad de Placeres Prohibidos, sino de Placeres
culpables, una expresión que suele utilizarse para describir los pequeños
gustos que no nos animaríamos a confesar en voz alta, pero que muchas veces
también tienen algo de inocencia, como sucede con tantos juegos y aficiones que
arrastramos desde la infancia. Y son precisamente esos placeres los que intenta
recuperar esta novela.
Placeres prohibidos (Guilty pleasures, 1993),
por Laurell K. Hamilton. Barcelona: Gigamesh, 2006. 276 p. Traducido por
Carolina Broner y Natalia Cervera. 14,95 €
Más información sobre
el libro aquí.
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Puntuación Promedio: 3.25 votos: 4
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